CERVANTES Y SHAKESPEARE HERMÉTICOS

Hoy, Día del Libro, queremos continuar nuestro propósito de revelar las carencias, contradicciones y puntos ciegos de la llamada Cultura Universal con el que sin duda es el mayor y más trágico fallo de esta: No nos han enseñado a leer (bien). 

 El hombre es una criatura limitada con pensamiento simbólico, la primera literatura son las transcripciones de los Mitos de tradición oral. La amplitud de la experiencia humana es inefable, y aunque hemos creado el lenguaje para describir y reflejar la realidad, esta no se deja encapsular en tres decenas de glifos. 


En nuestra tradición occidental, hay un momento en que los custodios del el único libro más leído que el Quijote, la Biblia, dedicen leerlo de manera Literal -tomando al personaje de Jesús por una persona histórica, y extendiendo esto, hasta bien entrado el siglo XIX a todos los demás mitos de la Biblia, que se enseñan como Historia Sagrada-, dejando de lado la lectura alegórico-simbólica, la propia de los Mitos y los símbolos que les dan naturaleza. 

Sin embargo, muchos de los llamados Padres de la Iglesia (Orígenes, Gregorio, Ambrosio, Clemente...) serán partidarios de la segunda. Queda así eclipsada, tornada hermética para el vulgo, una tradición literaria que arranca desde la mismísima Odisea -que no es tan solo un conjunto de aventuras fantásticas, sino el trayecto del alma de vuelta a su lugar de origen- hasta Tolkien y nuestros días. 


 De la misma manera en que Platón y Aristoteles descubrieron la estructura mitológica/trágica, unos siglos más tarde, Porfirio y Proclo, neoplatónicos, teorizaron el valor de los símbolos como escaleras del entendimiento al mundo de las ideas, y como la lectura literal de La Odisea no es completa, pues no justifica algunos de sus más simbólicos pasajes como el de la Cueva de las Ninfas en Ítaca. 

La Literatura nace ya en Homero, pues como receptáculo de verdades espirituales. 

 Las primeras novelas europeas, llamadas alejandrinas, forman parte de esta tradición, con la salvedad de que los antiguos dioses y héroes son sustituidos por parejas de amantes que viven sus propias odiseas amorosas, manteniendo estas la misma estructura simbólica de los mitos y la misma lectura espiritual. 
Donde antes había apoteosis y catasterización, ahora queda el "final feliz".


 Así, podemos encontrar en Las Etiópicas de Helidoro, la primera novela de Reino Perdido, una con anillo mágico incluido que, a través de la obra de H. Ridder Haggard, nos lleva directamente a El Señor de los Anillos. La novela pastoril o bucólica tiene aquí también sus orígenes. 

De ahí pasamos ya al Ciclo Artúrico y la Novela de Caballerias, de las que es sabido que Cervantes fue su último gran fan, a la manera en que hoy los superhéroes arrastran a millones de espectadores a las pantallas. 


El autor del Quijote homenaje la novela alejandrina con su Persiles y cuenta también con una pastoril, La Galatea. Esto, más el Viaje del Parnaso -en el que el mismísimo Dios Hermes conduce en un barco de versos al autor a presencia de Apolo y las Musas- convierte a Cervantes en un autor hermético por excelencia. 

No solo a el: Nuestro Siglo de Oro lo es por estar plagado de creadores que entendian y manejaban esta tradición neoplatónica, aún pasandola por los filtros del Barroco Cristiano: Lope y sus autos sacramentales, Góngora y sus poemas mitológicos, Calderón de la Barca y su platónico Segismundo exiliado en la caverna o Quevedo y sus poemas sobre el Amor que no solo da sentido a la muerte, sino que adjetiva la existencia, imprime carácter en la materia, que ya no es polvo, sino polvo enamorado tras la encarnación de las almas en ella. 


Todo esto para decir que Don Quijote de la Mancha no es una novela que se burle de las novelas de Caballerias; es una novela de Caballerias, la última, con su estructura iniciatica intacta, solo que transcurre en nuestra realidad, esto es, donde no solo los antiguos dioses cambian su apariencia -Quijote con el Yelmo de Mambrino es Hermes con su Petaso, Sancho Panza con su Burro es Dionisio- sino que los reinos fantásticos se tornan la geografía manchega y española real. 

Análogamente, Shakespeare versiona los antiguos mitos en teatro isabelino, con un Romeo y Julieta que versiona a Píramo y Tisbe, un Sueño de una Noche de Verano que nos presenta unas alquímicas bodas de Oberon y Titania, con un claro juego entre el plano platónico/simbólico y el real -el burro es el mismo símbolo de Dioniso o Apuleyo-, o La Tempestad, una nueva Ítaca donde, con los elementos de la psique humana disgregados en personajes, Próspero, el caído Duque de Milán, consigue redención y abandona al final sus artes mágicas, como un Quijote desposeido de sus armas. 


Todo esto, claro, ni lo enseñan en Bachillerato, ni mucho me temo, en la carrera completa de Literatura, salvo puntuales excepciones. Vivimos pues en una cultura mutilada, que priva al ser humano de captar en toda su profundidad la maestria con que sus más grandes literatos han usado su arte para reflejar con símbolos la verdad de nuestra existencia espiritual. 

Hasta que esa lectura hermética deje de serlo, y se convierta en la primigenia y fundamental, no podremos pasar de tener meramente el "índice del libro de instrucciones" de nuestra vida, propia y comunal. 


Dicho de otra manera, es como si de Star Wars nos quedásemos con las fichas de personajes, los colores de los sables, los planetas de orígenes...pero sin comprender que el valor está en su reproducción del Mito de la Caída y Redención

La Fuerza siempre nos acompaña...¡pero hay que poner de nuestra parte!

"El Cura y el Barbero" no solo han expurgado nuestras bibliotecas: Nos han privado del sentido profundo. Y mientras no se recupere, acabaremos magullados combatiendo con molinos, mientras los gigantes males de nuestra civilización se van de rositas.

Felíz día del Libro y de su completa lectura de parte de este manchego.

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