LA NECESIDAD DE UNA NUEVA POLÍTICA HUMANISTA
He vivido siempre en una desafección política casi estructural: no por apatía, sino por la imposibilidad de sentirme representado por ninguna opción existente. Sin embargo, una cadena de experiencias burocrático‑administrativas en los últimos años —auténticos episodios dignos del motocarro de Plácido—, unida al deterioro de la realidad estatal y mundial, han reavivado una necesidad que creía dormida: concebir una nueva política. La falta de ejemplaridad de quienes nos gobiernan es tan evidente como dolorosa. Su presencia constante en los medios contrasta con la ausencia de mejoras reales para el ciudadano común, que apenas percibe avances y, en el mejor de los casos, es rescatado in extremis de situaciones cada vez más deshumanizantes. Vivimos en una política‑espectáculo donde ciertos periodistas —tan “independientes” que alternan entre ser portavoces oficiosos de partidos y defensores de sus argumentarios en tertulias— reducen el abanico político a cuatro opci...