LOS ME SUMERIOS: EL SOFTWARE DE LA SOCIEDAD

Los sumerios, la primera sociedad compleja de la historia, no solo inventaron la escritura y la ciudad; inventaron también la idea de que la vida humana funciona gracias a un conjunto de principios invisibles que ordenan el mundo. 

A esos principios los llamaban ME. Los ME no eran leyes ni mandamientos, sino algo mucho más profundo: eran los códigos que definían cada aspecto de la existencia

En ellos se contenía la realeza, la sabiduría, la música, la artesanía, la justicia, la mentira, la verdad, el heroísmo, la destrucción, el lamento, la alegría, el sacerdocio, el comercio, la escritura y hasta los estados emocionales. 

Cada función social, cada oficio, cada institución, cada rol humano estaba inscrito en un ME. 


Para los sumerios, la sociedad no era natural, sino programada. El mundo funcionaba porque esos códigos existían y porque alguien los custodiaba. 

El mito más famoso que los describe es el de “Inanna y Enki”. En él, la diosa Inanna visita a Enki, dios de la sabiduría, y mediante astucia y vino consigue que él le entregue los ME uno por uno. Cuando Enki despierta y comprende lo que ha hecho, envía monstruos marinos para recuperarlos, pero Inanna logra llevarlos a Uruk. 

Lo que este mito expresa es extraordinario: quien controla los ME controla la civilización. 

No controla la fuerza ni la riqueza, sino el código que sostiene la realidad. Inanna no destruye nada ni crea nada desde cero; simplemente traslada el software social de una ciudad a otra. Es el primer hackeo de la historia, la primera migración de un sistema operativo cultural. 


Lo más fascinante es que los ME no eran eternos ni inmutables. No eran dogmas. No eran verdades absolutas. Eran transferibles, vulnerables, reinterpretables. Podían perderse, robarse, actualizarse. 

Los sumerios, la sociedad primigenia, ya sabían que el orden social es una construcción y que, como toda construcción, puede fallar, corromperse o volverse lesiva. 

Sabían que el software que organiza la vida humana puede estar mal escrito. Sabían que nada en la sociedad es natural, que todo es programado y que lo programado puede reescribirse. 

Y aquí es donde aparece una intuición sorprendente: los ME son, en cierto sentido, arquetipos antes de los arquetipos, formas antes de las Formas, ideas estructurales antes de que Platón formule su teoría.


 Pero con una diferencia decisiva respecto al platonismo: para los sumerios, estas formas no eran perfectas ni eternas. No estaban fuera del tiempo. No eran inalterables. Eran principios vivos, susceptibles de cambio, de desplazamiento, de reinterpretación. 

Eran modelos, sí, pero modelos que podían actualizarse. En ese sentido, los sumerios se adelantaron a Platón, pero con una sabiduría más flexible: entendieron que las estructuras que ordenan el mundo no son absolutas, sino dinámicas. 

 Y aquí es donde nuestra época se encuentra con Sumeria. Porque lo que intentamos hacer hoy, desde este blog o desde cualquier reflexión crítica, no es muy distinto de lo que hizo Inanna: Identificamos los códigos invisibles que gobiernan nuestra vida —la autosuficiencia, la comparación constante, el éxito singular, la productividad como virtud, la alienación como norma, la culpa como mecanismo de control— y tratamos de ver dónde están corruptos, dónde son lesivos, dónde generan sufrimiento.


Intentamos desmontar su autoridad, reescribirlos, reinstalar versiones más humanas. Intentamos actualizar un sistema operativo que heredamos defectuoso. Los sumerios ya sabían que la sociedad es un artefacto y que su software puede ser alterado. 

Nosotros, miles de años después, seguimos intentando lo mismo. No para dominar nada, sino para sanar. No para imponer un orden nuevo, sino para corregir uno que se ha vuelto dañino. No para destruir la estructura, sino para devolverle vida. 

En el fondo, seguimos siendo herederos de Inanna: criaturas que saben que el mundo no está dado, sino escrito, y que lo escrito puede cambiarse.

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