LA LECTURA SIMBÓLICA, SALVAVIDAS CULTURAL
El símbolo es el lenguaje nativo de la conciencia humana. No lo inventamos: nos brota. Surge de la finitud, de ese límite que nos obliga a apuntar hacia lo que no podemos abarcar. El símbolo no encierra, no captura, no petrifica. Es un dedo señalando el horizonte, no un muro. Allí donde el concepto clausura, el símbolo abre; donde la definición estrecha, el símbolo expande. Las culturas que saben leer símbolos no necesitan imponerlos: los símbolos respiran solos. Pero toda luz proyecta sombra, y la sombra del símbolo es su negación: el anti-símbolo . Literalizar el mito es matarlo. Convertir una narración sagrada en un acta notarial es amputar su potencia. Encerrar la vida en un solo libro , exigir que toda la pluralidad humana se someta a un texto fijo, es integrismo. El anti-símbolo endurece, simplifica, aplana. De él nacen el dogma, la conspiración y el chivo expiatorio : tres formas distintas de la misma renuncia a la complejidad. Y aquí aparece ...