EL PATRON MÍTICO, PRUEBA DE TRANSCENDENCIA: WAGNER, TOLKIEN, WILLIAMS
La trascendencia no es un lugar al que se asciende ni un cielo físico suspendido sobre nuestras cabezas: es un patrón, una forma que se repite con variaciones infinitas y que, al hacerlo, revela que hay algo en nosotros capaz de reconocerla. El mito siempre lo supo: dice la verdad mintiendo, o mejor, dice la verdad disfrazándola, porque la verdad profunda solo puede ser dicha en clave simbólica. Tolkien no inventa mitos: los reconoce. Su obra funciona como anamnesis ; quien entra en ella siente el estremecimiento platónico del “yo ya he estado aquí”, como si la memoria del espíritu despertara al oír su propio idioma. La universalidad no es un accidente: es el criterio de verdad de las Ideas. El patrón tolkieniano, además, es retroactivo. No se limita a imitar a Orfeo, Ulises, Sigurd, Cristo o Eneas: los reorganiza, los ilumina desde dentro, como si su relato fuera el prisma que permite ver la estructura común que todos compartían sin saberlo. Después de Tol...