LA ODISEA, POR CHRISTOPHER NOLAN: AMOR Y MEMORIA, Y EL REPOSO DEL GUERRERO

Existen tantas lecturas como lectores, y por lo tanto la de Nolan de Homero es solo una más. La nuestra -y la de los filósofos neoplatónicos Porfirio y Proclo, que iniciaron el análisis hermético de la Literatura- es que La Odisea, al igual que La Iliada son poemas cosmo-lógicos, esto es, que muestran la composición del cosmos, su orden, y el trayecto del alma humana por el plano físico. 

En La Iliada, el alma celestial, la más bella de las mujeres, Helena, ya "ganada" por Paris en su famosos juicio, es "raptada" y encerrada en Troya, esto es: Por amor -el premio de Afrodita- cae del mundo celeste a la realidad material, podemos decir, es la piedra angular de la civilización.
    

Los esfuerzos de los Tirios por liberarla, para que lo entiendan, vienen a representar las Diez Plagas de Egipto: El empuje inevitable de la realidad para que el alma, que pertenece a lo celeste, regrese a su lugar de origen tras la experiencia material, el aprendizaje y la muerte. 

Egipto cede a las plagas, y Troya cae de una manera mucho más sofisticada y humana, por el ingenio de Ulises, hieto de Hermes, y como el poseedor de "muchas argucias", o como dirian hoy, con un cerebro privilegiado que le permite encontrar una solución a cualquier problema, en este caso, usando el ego de los Troyanos. 

Es el Trickster, el talento inspirado, el que busca una rendija en las normas para vulnerarlas. Y así es como avanza nuestra historia, cultura y civilización, por los agujeros "argumentales" que vamos percibiendo poco a poco como insostenibles.
   

La Odisea -ya llegamos a ella- cuenta ese mismo proceso, pero desde la perspectiva contraria: Ahora es Penélope la encerrada, la representante de las Moiras que tejen el Destino, el alma superior de Odiseo que, a decreto de los Dioses que generan su "nostalgia" -gnostos son los relatos que cuentan los regresos de los guerreros de la guerra de Troya a sus paises, recordandom por anámnesis platónica el mundo superior de Ítaca, emprende, POR AMOR, la vuelta a su origen, recordando que el es el Rey, y en su ausencia el desorden se ha desatado. 


Queda patente que Homero -o los autores que diseñan el poema, a mi entender uniendo varios ciclos heróicos preexistentes- tiene ya una concepción "platónica" -estratificada- del mundo, un pensamiento que concibe al hombre como una criatura celestial, caída a la materia, y una concepción gnóstico-negativa de esta: el cuerpo y la vida, o los elementos de nuestra psique, son una fuerza que se opone a que el alma progrese, tal y como representa la maldición de Poseidon, un destino aciago que frustra una y otra vez el trayecto del héroe y las multiples aventuras, de las que la película solo selecciona las fundamentales, reordenándolas.


La película de Nolan, en la que digamos que la estructura argumental pervive decentemente, tiene muchos puntos fuertes, originales, que resaltan el simbolismo de algunos capítulos, mientras que alarga o aliejera otros. 

Tiene un ritmo irregular, por que viene a seguir los saltos narrativos, atrás y alante, Ítaca, el viaje y la Guerra, más la Telemaquia y asi se hace demasiado lenta, tanto en su arranqe, estableciendo Ítaca, como en el minucioso episodio del caballo -reducido a pura estrategia bélica -cuando es destino inevitable- como en el excesivo combate final, una interminable escena de acción en lo que debería ser un fulminante, triunfante y épico final.
     

Pesa principamente en su visión la desaparición de todos los dioses griegos, reducidos a una muy humana Atenea, con una muy humana "sabiduría" que convierte a los dioses a fenómenos meteorológicos.
 
Y aún esta, se sugiere al final, no es más que una encarnación del CPTSD, el trauma de Odiseo en la guerra. Ulises es pues no el pícaro, inteligente y tramposo personaje de Homero, sino un veterano de guerra traumatizado.
   

Como demuesta la cicatríz de Helena, Nolan quiere hablar de las que causan las guerras, la vida, las marcas que acarreamos. Agamenón tiene esa armadura imponente por que en realidad está representando a Ares, dios de la Guerra, al que Ulises sirve.  

Y Menelao demuestra también que de los mismos hechos hay muy diferentes versiones, y que degradan a la realidad y a sus víctimas el alterarlos o poetizarlos sin respeto por ellas.

En ese sentido, Odiseo, que conserva el palito del joven guerrero caído, los compañeros no enterrados y no honrados, es el portador de la Verdad y la Justicia, que han de imperar en un reino con orden.


La fotografía, en Mar y en Tierra es bellísima, la evocación de la civilización, creíble, la música, tribal y primigenia, parece querer evocar esos tiempos pre-humanos. 

Hacen muy buen papel todos los actores, la firme pero acosada Anne Hathaway, como Penélope, el fiel y aventurero Telémaco, John Leguizamo como el leal porquero Eumeno, Charlize Theron como una sensual e hipnótica Calipso, representante del goce material que atrapa al alma humana, acertadamente aderezado con los lotos que nublan la mente de Ulises...
    

Samantha Morton interpreta una versión no canónica de Circe, como una bruja de cuento y de película de terror, cuya comida dispara los apetitos de la tripulación y cuyas manos los convierten, como si fueran de plastilina, en cerdos, que es su particular visión de los hombres.
   

El episodio del Cíclope es más fallido, por la apariencia "alienígena" de la criatura, la falta de diálogo con Ulises, la escisión del famoso episodio de "¡Nadie me ha cegado!" y la bravuconada final del héroe, que lo identifica y desata sobre el la oposición de Poseidón.
    

Tanto el episodio de las vacas de Helios -versionado luego como el Becerro de Oro en Éxodo- como el de Escila y Caribdis estan muy bien narrados, y asi mismo el del Hades es impresionante, aún sin la madre del héroe, que representa la protección de los ancestros.
     

Si brilla finalmente la cara de palo de Matt Damon en la escena de la llegada a Ítaca, con sus signos de reconocimiento y la prueba de tensado del arco. 

Como en el episodio de la Limpieza de los Establos de Augias o el evangelico de la Expulsión de los Mercaderes del Templo, el Rey Retornado, la conciencia regente, acaba con el resto de sub-personalidades pasionales y viciosas y purifica el recinto sagrado.
   

Robert Pattison, que no tiene ni idea de interpretar al Bruce Wayne de verdad, hace un papel magistral como el codicioso, cobarde, mentiroso, lujurioso y asesino Antinous, encarnación de todos los males.

Anticlimático el episodio de las sirenas, que no aparecen en realidad. Ulises, atado al mástil, engendrará luego a Cristo en su madero. De la trayectoria por el mundo, hemos de aprender dolorosamente, pero queda lo esencial, y la corriente siempre nos arrastra en la dirección correcta.
   

Pero si hay un momento profundo, mitológico y emocionante e la cinta es el instante de anagnórisis en el que, escapando a la drogas y seducción de Calipso -la falsa pretendienta- Odiseo recuerda a Penélope y por amor, solo por amor, retorna a ella.
    

Añade Nolan un final apócrifo pero profundamente simbólico: Si Aquiles muere en las manos de su madre consoladora, asi lo hace el héroe cumplida su misión. Muere el guerrero, muere el tramposo, muere el Rey y el esposo. 

Y, reunido finalmente con su ánima, parten en una aventura sin fin hacia el poniente celestial.
   

La Musa que inspira a Nolan, pues, es un tanto irregular y materialista, pero a pesar de ser un descreido, el mensaje eterno, permanece y se realza en lo esencial.
    

Sin amor, sin aliados, sin orden, sin objetivos, el mundo pierde tracción y es reducido a un simple trauma.
   

Y así caminamos algunos mortales por la Tierra, aguardando vientos favorables, remeros que acompañen nuestra visión, dioses que perdonen unas "transgresiones" que causó el destino, sin las cuales no hubieramos podido sobrevivir, y decreten finalmente la liberación de lo que nos sujeta y naveguemos ligeros de equipaje hasta el lugar que a cada cual corresponde.

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