LOS COLORES DEL MUNDO
La experiencia vital de cada persona es irrepetible. Podemos nacer en la misma familia, estudiar en el mismo colegio, compartir amistades, aficiones e incluso trabajos. Y aun así, no habitamos mundos semejantes. Nuestro mundo interior depende de intuiciones, ideas, creencias y heridas emocionales que son únicas y, en gran medida, intraducibles. A la inversa, basta retirar uno solo de esos apoyos —la familia, la amistad, el trabajo— para que la concepción del mundo se vuelva radicalmente distinta. Los propios medios de “información” filtran y distorsionan nuestra percepción hasta el punto de hacernos creer que vivimos en un escenario permanentemente polarizado: catástrofes, guerras, intereses deshumanizados, políticos indignos del cargo, celebridades en un baile de vanidades, influencers sin nada que influir y redes sociales que, lejos de conectarnos, nos anestesian. Un paisaje distópico donde la Cultura y el Humanismo sobreviven como voces cada vez más débiles, casi clandestinas. En m...